Eres diseñador y te estresas en tu trabajo? 9 causas y un remedio

Hace unos años, cuando la gente me preguntaba a qué me dedicaba, al oír «Soy diseñadora y trabajo en un estudio de Barcelona» ponían cara de envidia y admiración.

No hay nada más «cool» que hacer un trabajo creativo en una ciudad como Barcelona, ¿verdad? Yo ponía cara de «cool» y mi ego se inflaba un poco más. Pero por dentro, pensaba en todo el estrés que me venía de ese trabajo que me apasionaba, y me faltaba el aire. Según los expertos, no hay que liberarse del estrés, y si nos hacemos amigos de ello, podemos hacerle jugar en nuestro equipo. Pero sí que a veces nos pasamos, y nos afecta a la salud.

Si tú también trabajas en el mundo del diseño, de la publicidad, de la comunicación, sabrás de qué hablo. Un montón de presión, prisas, exigencias, objetivos, estrategias, tácticas, paranoias, que no te permiten disfrutar realmente de todo lo «cool» del ser creativo de verdad, y de saber cómo cambiar el mundo gracias a tus habilidades.

Vamos a clasificar estas «paranoias» que me estresaban, en 9 categorías. Cuál se parece más a tí? Escríbelo en los comentarios abajo.

  1. El perfeccionismo. Todo el proyecto tiene que ser perfecto. Perfecto para ti, para el cliente, para los usuarios, para los visitantes, para tu abuela… En cada mínimo detalle. En todos los colores, materiales, pulsadores, tornillos, patrones y letras. No puede haber ni un mínimo fallo, ni un píxel fuera de lugar. Si no, esa voz interna se abalanzará sobre tí, y te hará sentir un moco verde, un fracasado, un nini, un desastre, aunque te hayas pegado tres meses diseñando un yate de cien millones, y al final resulta que falta un flequito en el render del toldo del puente inferior. ¿Qué podría pasar si por un momento dejaras de obsesionarte?  startup-593327_640
  2. La necesidad de que tu proyecto sea útil para todo el mundo. Design for All quiere decir que todo aquel que quiera, pueda usar algo que has diseñado. Claro que sí, pero esto no significa que a «todo el mundo» le tenga que gustar, servir y además se lo quiera comprar. Si a alguien resulta que no le sirve, entonces me siento un inútil. ¿Quién es este «todo el mundo»? ¿A quién estás entregando el poder de definir tu valía personal?
  3. Tener que agradarle a todos con tu proyecto. Puedes ser más o menos habilidoso con el dibujo, con el 3D o el 2D, con la tableta gráfica y con el photoshop. Puedes diseñar cosas hermosas, proyectos brillantes, pensados y cuidados hasta el más minimo detalle. Y esperas a que te digan «eres un crack!» «qué maravilla!» «quiero tres!» «has ganado el concurso!». A veces pasa, claro. Otras veces te llegan críticas, constructivas, o no. Piensa en uno de esos casos, ¿qué es lo que se está poniendo en duda?pots-716579_640
  4. Nadie te entiende. Estás solo ante el peligro. Tienes ideas maravillosas y con el potencial de mejorar el mundo de una forma espectacular, pero a la que te pones a diseñar, te quedas en la servilleta. Nadie se apunta al proyecto. Te sientes abandonado y solo, ante todo el trabajo que comportaría realizar tu proyecto, y te desmotivas. No pides ayuda, total ya ha pasado otras veces, y no te han hecho ni caso. La gente no entiende el valor de tus ideas. ¿Desde dónde te comunicas con tus posibles colaboradores? ¿Qué es lo que estás dando por hecho? ¿Qué te impide crear una red de profesionales y colaboradores sobre la que contar?
  5. Tienes miedo a no dar la talla. Si te comparas con otros diseñadores o compañeros, parece que todos tienen mucho más que aportar que tú, son más habilidos o más expertos en lo que diseñan. Tú no te sientes experto en nada, y esto te hace sentir incapaz de seguir en tu proyecto. Te falta un master, una especialización, un curso, que te haga sentir que dominas lo que estás haciendo. Si no, no vas a ninguna parte. Si no dominas el 3D, ni lo abres. Te hinchas a tutoriales para conocer hasta el último detalle del programa que quieres manejar, antes de empezar tu proyecto. Si hay que diseñar un tranvía en Japón, te tiras un mes investigando la historia del país, las tradiciones, los habitantes, y hasta que no lo sabes todo, no tiras ni una línea. La pregunta es: ¿cuándo crees que vas a poder saberlo «todo» sobre eso que te hace falta? ¿es realmente necesaria tanta especialización?knowledge-1052014_640
  6. Necesitas constante validación de tu trabajo. De tus clientes, de tu jefe, de tus compañeros. No te sientes nunca seguro de que la tuya sea una buena solución al problema, y piensas siempre en las mil pegas que pueda tener tu proyecto. Te centras en lo negativo, en lo malo que puede pasar si tu diseño no funciona, si no llegas a tiempo con la entrega, si el cliente no acepta tu presupuesto, si pierdes el control, si te critican. ¿De verdad crees que el mundo es tan complicado? ¿Qué pasaría si empezaras a confiar en el mundo?
  7. Te dispersas. Eres el rey del brainstorming, tienes una idea brillante tras otra, se te ocurren maravillas capaces de crear un mundo fantástico para tus usuarios, para la sociedad, para el planeta. Enlazas conceptos y detectas tendencias de una manera genial, pero a la hora de pasar a la práctica, lo dejas todo a medias. Tienes el escritorio lleno de medios prototipos, bocetos, proyectos con mucho potencial, muestras de materiales milagrosos, revistas inspiradoras… pero nunca tienes tiempo para terminar nada. Y te encuentras a las 4 de la madrugada terminando un proyecto que postergaste hasta lo imposible. La pregunta es, ¿Qué pasa si te centras en un foco de trabajo y te olvidas de todo lo demás?lego-708088_640
  8. Eres un competidor. Te molesta la idea que alguien pueda copiarte una idea, a que puedan hacerte alguna pirula, a que invadan tu área de influencia, a que te roben clientes. Te muestras sospechoso y a veces agresivo con quien se acerca para preguntarte por tu trabajo. Siempre estás buscando cómo ser mejor que los demás, y no te cortas en quitarle mercado a otros diseñadores. Para tí esto es una carrera, un concurso a quién tiene la mejor idea para ganar más followers, clientes, súbditos. Como si el Diseño fuera el Arte de la Guerra. ¿Qué pasaría si, en ves de centrarte en tí, por un momento te centraras en ayudar a otros compañeros?
  9. No te atreves a decir que no, a innovar, a poner en luz tus ideas. Tienes miedo a que eso signifique una bronca, una discusión, un «pollo». Mejor hacer lo que pide el briefing, abstenerse de cosas raras, complacer el cliente y cumplir con el calendario. Tu ordenador va lento, pero mejor aguantarse antes que cambiarlo. Ese cliente pide algo imposible, pero mejor decir que sí y hacerlo de todos modos, igual trabajando un fin de semana, antes que discutir o decir que no. Uno nunca sabe la que se puede liar. ¿Qué pasaría si dijeras que «no» al menos una vez al día? ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Si alguna de estas situaciones te ha sonado familiar, te invito a dar tu siguiente paso para mejorar tu gestión del estrés: contáctame y reserva tu sesión informativa.

 

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